Una extraña sensación de estar en casa: El Mató a un Policía Motorizado en FAR
La banda más emblemática del indie rock argentino volvió a tocar en Valencia, esta vez ante un público con mucha presencia local.

Luego de una apertura muy interesante a cargo de Depresión Sonora -puedes leer la reseña acá- llegó el turno de El Mató a un Policía Motorizado, la agrupación oriunda de La Plata, Argentina, que ya tiene 23 años de trayectoria y más de 10 trabajos discográficos entre discos, EPs y lados B.
Las luces se apagaron y comenzó a sonar la famosa intro de Twin Peaks (icónica serie de David Lynch) para dejar en claro que nos esperaba un viaje denso hacia la oscuridad pero con esa extraña sensación placentera de calma antes de la tormenta, algo propio de una composición lyncheana.
Acto seguido, la banda ocupó sus posiciones y prosiguió a interpretar “Navidad en Los Santos” y “El Héroe de la Navidad”, dos canciones de “Navidad de Reserva”, su disco de 2005 (¡¿21 años ya?!). Así, dejaron en claro que no se olvidan de su pasado y demostraron cómo aquellos tracks pueden seguir sonando vigentes hoy en día, dos décadas después.
Luego de esta intro que interpelaba a los seguidores más fieles, la agrupación liderada por Santiago C. Motorizado abrió las puertas al primer coro colectivo de la noche con el hit “La Noche Eterna”, uno de los 6 temas elegidos del disco “La Síntesis O’Konor” que sonaron en la velada.
La formación de la banda es simplemente perfecta. La potencia y el aporte de cada individuo está al servicio de este colectivo sonoro que despliega un sonido sólido, con la sección rítmica (batería y percusión) y el bajo pegando fuerte y dando los cimientos para que guitarras y teclados vuelen libres por el paisaje sonoro, que transita entre la crudeza sofisticada del indie rock y la épica melódica y romántica.
El manto sonoro era, a su vez, complementado por visuales cósmicas que enfatizaban el trance. Imágenes de galaxias, nebulosas y estrellas difuminadas en una textura densa acompañada de luces rojizas y azules, maridaban a la perfección con la luna llena que asomaba por arriba del escenario.
El entramado visual era el ideal para dejarse llevar por la imaginación e inventarse historias con la banda sonora de El Mató y la voz de Santiago como guía. Bajo este lienzo sonoro se lucieron las únicas dos canciones de su último disco, “Super Terror”: “Diamante Roto” y “Medalla de Oro”, esta última con un melódico, austero y creativo solo de guitarra al final.
El resto del setlist estuvo centrado en sus dos álbumes más emblemáticos: “La Síntesis O’Konor” y “La Dinastía Scorpio”, dando lugar a grandes hits como “Más o Menos Bien”, “Nuevos Discos”, “Mujeres Bellas y Fuertes” y “El Tesoro”, en donde las pantallas sorprendieron mostrando una imagen de Messi sincronizada con la letra …Cuidarte siempre a vos en la derrota… . Un pequeño gesto que se sintió como un abrazo fraterno a la comunidad argentina, que padecíamos por la final perdida.
Si hay algo que caracteriza los shows de El Mató es la convivencia entre canciones tranquilas y momentos de contemplación con instantes de pogo y unión entre saltos y abrazos. Así fue todas las veces que los fui a ver, incluso en la sala Moon de Valencia, dos años atrás.
Pero este show contaba con la particularidad de ser un poco más amplio de público y con bastante participación de escuchas españoles, que observaban con distancia el choque de cuerpos de unos grupos pequeños pero comprometidos que nos entregamos a los estribillos de himnos como “Sábado”, “Chica Rutera” y “Yoni B.”
“El Mundo Extraño” fue la canción elegida para la primera salida del escenario de la banda, que para entonces ya había conquistado corazones de sus nuevos seguidores y nos obligaba a todos a gritar y pedir por más.
Por suerte, nuestras plegarias fueron oídas y el cierre estuvo a cargo de la poderosa “Ahora Imagino Cosas” y la épica “Mi Próximo Movimiento”, con la que nos fundimos entre cantos, gritos y pogo.
Así se iba un concierto a la altura de los shows de El Mató, con un setlist centrado en éxitos para una audiencia heterogénea, pero que no defraudó a los fanáticos de la vieja era, ya que también sonaron varias joyas de su primera etapa. El sonido de la banda fue impecable como siempre pero podría haber sonado un poco más fuerte, en especial la voz, que se fundía mucho con la instrumental y no destacaba como debería. Estos detalles de sonido no me sorprendieron ya que es una crítica aplicable a otros conciertos del ciclo FAR, como los de Babasónicos y Depresión Sonora, por ejemplo.
Más allá de estos comentarios, nada nos impidió gozar del despliegue musical de una banda legendaria como El Mató. Una banda cuyo sonido invita por momentos a la contemplación y la espera, gracias a sus largos pasajes instrumentales y atmósferas construidas con detalles minuciosos, apoyados por visuales hipnóticas y riff repetidos que van preparando el momento para la explosión de estribillos mántricos, rápidamente transformados en pogo, agite y gritos.
Una situación que se vuelve ritual. Una atmósfera densa en la cual da placer permanecer. Un juego entre tensión y relajación que recuerda al caos argentino maridado por el amor fraterno de su comunidad. La extraña sensación de estar, por un momento, en casa.
Concierto: El Mató a un Policía Motorizado @ FAR Valencia (29/07/2026)
Texto: Francisco Bernasconi
Fotos: Ayeray Tenaglia

